La misión que se propuso Jorge Bergoglio durante su papado es profundizar la humanidad de la Iglesia Católica en una era frágil, fugaz; a decir de Bauman, en un mundo líquido. Volver a una escala donde el hombre y la mujer sean el centro, íntegro ante la fragmentación, concreto ante lo volátil. Y para esto eligió un eje: el trabajo. Trabajar, sostiene Francisco, dignifica, armoniza la sociedad y promueve la justicia social.
“El trabajo es lo que hace al hombre semejante a Dios, porque con el trabajo el hombre es un creador (…) Es decir, el trabajo tiene en sí mismo una bondad y crea la armonía de las cosas —belleza, bondad— e involucra al hombre en todo: en su pensamiento, en su acción, en todo. El hombre está involucrado en el trabajo. Es la primera vocación del hombre: trabajar. Y esto le da dignidad al hombre. La dignidad que lo hace parecerse a Dios. La dignidad del trabajo”, dijo Francisco en su homilía del 1 de Mayo de 2020.
Con un padre ferroviario y madre ama de casa, Jorge Bergoglio se crió en el barrio porteño de Flores en las décadas del 30′ y el 40’. Nadie mejor que un hijo de la inestable clase media argentina para entender el valor de tener o no trabajo, para saber que es una línea divisoria muy fina entre los que están adentro y los que empiezan a quedarse en los márgenes de la sociedad.
Entonces, por propia experiencia, el Papa Francisco propone a las PYMES como modelo de esa escala humana del trabajo. En un mensaje de agosto de 2022, expresó: «Como consecuencia de la pandemia y de las guerras, el mundo se enfrenta a una grave crisis socioeconómica. ¡Todavía no nos dimos cuenta! Y entre los grandes perjudicados están los pequeños y medianos empresarios. Los de los comercios, los talleres, la limpieza, el transporte y tantos otros». Sigue el Papa: «Los que no salen en las listas de los más ricos y poderosos y, a pesar de las dificultades, crean puestos de trabajo manteniendo su responsabilidad social. Los que invierten en el bien común en lugar de esconder su dinero en paraísos fiscales».
Francisco detecta así a la especulación financiera como una contraparte, un enemigo. En su mensaje para la apertura de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) dijo a los empresarios argentinos: “La inversión es dar vida, es crear, es creativa. Saber invertir, no esconder (…). Volver a la economía de lo concreto, y lo concreto es la producción, el trabajo para todos, la familia, la patria, la sociedad”. También dijo: “La economía, en los últimos decenios, engendró las finanzas y las finanzas tienen el riesgo de que creemos que hay mucho y al final no hay nada”. Al final de la timba queda no hay nada. Lo volátil se va.
En este momento donde es noticia por la fragilidad de su salud, es importante reflexionar sobre el pensamiento del Papa. Dejar de lado las grietas que envenenan el alma, nublan la razón y reflotan nuestras miserias, para meditar en serio sobre el mensaje de un argentino que llegó en lo más alto de la historia pero sigue mirando a los de abajo.
En el gran desafío sobre el futuro laboral, Francisco valoriza la producción y la responsabilidad social de los empresarios sobre la especulación financiera. Ante la fugacidad y la ganancia fácil, propone la inversión para el empleo genuino que dignifica al hombre y la mujer, que apuntala a la familia, que ordena a la comunidad.
En una era donde los plutócratas montan su show individualista en las redes sociales, el Papa de las Pymes y el trabajo predica el bien común para construir una economía más humana, un mundo más justo.